La Mujer Haragana y el Diablo

Información general de: La Mujer Haragana y el Diablo
- Departamento: La Libertad
- Provincia: Pataz
- Distrito: Urpay
- Dirección o Referencia:
- Categoría: Folclore
- Tipo: Creencias Populares
- Subtipo: Otros
- Jerarquía: No aplica
- Altitud: 2688 m s. n. m.
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Descripción
Se cuenta que en un pueblito del distrito de Urpay aconteció lo que narraré a continuación: Un señor vivía con su esposa, pero resulta que esta era muy haragana. Siempre esperaba que el pobre hombre se levante temprano a hacer el desayuno, mientras ella se despertaba a la hora que quería y cuando la mesa ya estaba servida. Un día el esposo se fue a trabajar muy lejos, por el monte, a rodear a sus burros. Por lo cual, al llegar a su casa tenía mucha sed y hambre. Para esto la mujer haragana se había ido donde la vecina a hacerle la plática, y ni se inmutó al ver a su pobre esposo que había llegado cansado, sediento y además con hambre. El esposo molesto, la trajo jalándola de las orejas de vuelta a la casa y le recriminó por no hacer nada y andar perdiendo el tiempo en chismes, y le ordenó traer agua del ojo (fuente donde nace agua) para beber y preparar la comida. La mujer cogió los recipientes vacíos de mala gana y como un acto de represalia le dijo: «Me voy entonces al ojo ¡y que me cargue el diablo si eso es lo que quieres!». Y se marchó. Cuando la mujer haragana llegó al ojo seguía renegando, y cuando ya había llenado los envases con agua apareció un hombre idéntico a su esposo y le dijo en un tono más amable: «Mujer, he venido ayudarte a llevar el agua. Sube a mis hombros que yo te cargaré para llegar más rápido a casa.» La mujer sorprendida por el repentino cambio de humor de su esposo y como era muy floja, se subió a los hombros de su supuesto esposo, llevando con ella los envases de agua. El esposo empezó a caminar primero con rapidez enderezando los caminos y cuando llegó a un cerco de pencas lo cruzó de un gran salto. La mujer se empezó a sorprender de lo que veía que hacía su esposo, y empezó a sentir mucho miedo. En un momento dado el esposo empezó a flotar sobre las ramas y arbustos y ya no pisaba el suelo, y dando media vuelta se desvío del camino a casa. Se dirigía a un lugar aparatado del pueblo cargando a la mujer. Entonces ella se dio cuenta de que no era su esposo, sino el diablo el que la estaba cargando, porque pudo ver cómo mudó su rostro y cobró un aspecto horroroso, y le empezaron a salir cuernos enormes y una larga cola. Su olor era como el de un chivo y tenía unas grandes pezuñas como de toro. Con el miedo y la desesperación la mujer intentó zafarse, pero el demonio no se lo permitió pues tenía una fuerza feroz y volaba a gran velocidad. El sol estaba cayendo cuando apareció cerca un arriero que salía de un valle con frutas al pueblo. Las mulas que traían su carga se detuvieron de improviso y no querían avanzar, justo cuando había que entrar por una quebrada. El arriero gritaba con fuerza: «¡Vamos carajo! ¡Vamos, arriba!». Pero no le hacían caso. Ante tal situación, el arriero se adelantó a ver qué pasaba. Grande fue su sorpresa al encontrar a una mujer tendida en mitad del camino que cruzaba la quebrada, convulsionando y babeando. Tenía la lengua hecha un nudo y no podía hablar. El arriero se dio cuenta que se trataba de su vecina y la auXilió. Cuando la mujer llegó a su casa con la ayuda del arriero, el esposo se encontraba realmente preocupado esperando a que regrese su esposa del ojo. La ansiedad se reflejaba en su rostro. A esta preocupación se sumó el hecho de no entender cómo había podido su mujer llegar y volver de tan lejos en tan poco tiempo. El esposo y el arriero intentaron reanimarla, pero al ver que la mujer no se recuperaba del shock, llamaron al chamán del pueblo, el cual les aseguró que había sido poseída por el diablo. Pero gracias a su sabiduría ancestral logró curar a la mujer, quien después de haberse recuperado completamente, entró por fin en razón y le pidió perdón a su esposo, prometiéndole hacerle caso en lo que fuese en adelante y hacer las cosas sin renegar. Promesa la cual cumplió lo que le quedó de vida y fueron felices para siempre.
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